En Paris, en el Salón de Otoño 1905 hubo una sala repleta de color cuyos artistas fueron bautizados por la crítica como "fauves", es decir, fieras.
Entre ellos estaba Matisse.
Dicen que una señora, frente a su obra Mujer con sombrero exclamó indignada: "¡No existe una mujer con la nariz amarilla!", a lo que Henri Matisse respondió: "No es una mujer, señora, es un cuadro."
Yo, que soy de pocos colores, recorro la obra de los que saben y, como siempre, sigo aprendiendo.
Entre ellos estaba Matisse.
Dicen que una señora, frente a su obra Mujer con sombrero exclamó indignada: "¡No existe una mujer con la nariz amarilla!", a lo que Henri Matisse respondió: "No es una mujer, señora, es un cuadro."
Yo, que soy de pocos colores, recorro la obra de los que saben y, como siempre, sigo aprendiendo.